Como guardianes eternos, sus picos se alzan hacia lo alto, rodeando La Ceja con un manto de protección y una grandeza imponente, que son precisamente las que le dan el nombre a nuestro municipio.
Este gran recurso son las arterias vivas que recorren nuestro territorio con un espítiru incansable, llevando consigo la esencia misma de la naturaleza que caracteriza este paraíso terrenal.
Tapizan los senderos y con su perfume natural que emana de la tierra misma, son las protagonistas del desarrollo local y de nuestra economía.
La estrella que nunca falla en su promesa, iluminando día a día este hermoso pueblo, derramando su calidez sobre los rostro de quienes habitamos este paraíso terrenal.